Resumen
Adolescente de catorce años que es atendido de forma urgente por florida y sintomática afección papulopustular
facial, que correspondió a demodecidosis aguda. No tenía otros antecedentes de predisposición
para ese evento, excepto reciente sintomatología sugestiva de padecimiento hematológico. Se indicaron
con prontitud exámenes de laboratorio y se confirmó su afección hematológica como leucemia
linfoblástica aguda tipo L3. Los exámenes de piel realizados corroboraron la presencia de DEMODEX. Tanto la
infestación como la neoplasia mieloproliferativa pudieron someterse a remisión y con la terapia de mantenimiento
no han presentado recidivas.
Abstract
A 14 year old teenager was attended urgently due to a symptomatic and flourishing papulopustular facial
affection corresponding to acute demodicidosis with no other previous conditions that could have predisposed
this event, except recent symptomathology suggesting a hematological disease, for which lab exams
were indicated. The hematological affection was confirmed to be acute lymphoblastic leukemia type L3. The
skin exams corroborated the presence of DEMODEX. The infestation as the myeloproliferative neoplasia was submitted
to remission and with the maintenance therapy has not presented any relapses.
La urgencia: el paciente acude con seis días de evolución
clínica con epífora, rinorrea, edema con eritema facial y
lesiones progresivas panfaciales . La persistencia de lesiones
y exacerbación sintomática lo llevan a consulta después de
recibir por vía oral minociclina infructuosamente.
La ficha de identificación: masculino de catorce años,
heterosexual, monógamo. Estudiante de secundaria e hijo único.
La exploración física: biotipo mesomorfo, pulso: 96
por min, rítmico; presión arterial: 120/60 mmHg. Temperatura
bucal: 37.7°C. En la exploración física: dermatosis localizada
en la cabeza, que afecta toda la extensión de la región
centrofacial, con predominio en bordes palpebrales superiores
e inferiores, fosas nasales, áreas circumoral–perinasal,
bilateral y simétrica. Aumento de la temperatura, trasudación,
placas eritematopapulares y pustulares, mal demarcables,
exulceraciones y descamación furfurácea. Blefaritis con
lagrimeo continuo y rinorrea hialina. No se encontraron
lesiones en labios ni en cavidad oral, ni telangiectasias
(Foto 1). Otros hallazgos clinicos: se identificaron conjuntivas
palpebrales pálidas y adenopatías cervicomaxilares, de
aproximadamente 5 cm, induradas, dolorosas y bilaterales.
Dolor óseo notorio a la palpación por digitopresión esternal.
No se percibió hepatoesplenomegalia.
El interrogatorio intencionado: xerosis y enrojecimiento
faciales acompañados de prurito en orificios nasales y
párpados, en los tres meses previos, síntomas que mejoraban
parcialmente con cremas con petrolato. El paciente señaló
que en las últimas seis semanas tuvo dolor óseo difuso,
fatiga, cefalea y gingivorragia esporádica, para lo que se
automedicó con ibuprofeno y codeína, sin percibir mejoría.
Su desarrollo puberal, que había dado inicio a los doce
años, hasta el momento de su consulta había transcurrido
dentro de lo esperable. Negó haber cambiado de hábitos de baño, rasurado, aseo facial, y también rechazó haber presentado
toxicomanías, alergias previas o uso de medicina
alternativa, exposición reciente e inmoderada al sol, ingesta
de bebidas calientes, alimentos condimentados o uso de
medicación tópica previa.

Los estudios solicitados: biometría hemática con leucocitosis
de 24 500, con neutrófilos 82%, eosinófilos 2%, bandas
5. Hb de 9.7 g. Reacciones febriles y determinación de
prueba de ELISA para VIH: negativos.
Biopsia de superficie
con cianoacrilato e improntas para KOH: sin hifas, pseudohifas,
micelios o elementos fúngicos, pero con numerososácaros de Demodex (> 5D por campo). Tinción de Gram de
pústulas: con numerosos neutrófilos y sin microorganismos.
Biopsia de piel de surco nasogeniano derecho: abundantes
infiltrados inflamatorios perifoliculares, superficiales y profundos
con predominio neutrofílico. Vasodilatación importante.
Se identificaron infundíbulos foliculares dilatados con
abundantes Demodex (más de 5 por campo, a bajo aumento).
Los restantes estudios que contemplaron aspirado de
médula ósea y citometría de flujo se realizaron en la institución
médica a la que se refirió el paciente en las ocasiones
subsecuentes. Los estudios que lograron recuperarse confirmaron
el diagnóstico hematológico definitivo de leucemia
linfoblástica aguda L3.
El diagnóstico: demodecidosis crónica agudizada como
preludio de leucemia linfoblástica aguda tipo L3.
La decisión crítica: ivermectina 200 microgramos por
kg, dosis semanal, tres ciclos, aseo facial con syndets y aplicación
de loción de sulfacetamida sódica al 10%, sin azufre.
Una semana después del diagnóstico dermatológico, se inició
quimioterapia sistémica.
En la institución de envío, fueron completados los ciclos
programados con prednisona, vincristina, l-asparaginasa y
doxorrubicina, sin complicaciones. No requirió radioterapia
profiláctica.
Evolución: el enfermo mostró mejoría de la lesiones
cutáneas en el lapso de las siguientes dos semanas (Foto 2).
Se aconsejó que eventualmente, ante sospecha de molestias
faciales, aplicara metronidazol en crema 0.75% o sulfacetamida
sódica 10%.
El concepto unificador: este caso ofrece lecciones de la
práctica clínica diaria, pues sus diversas facetas requieren
de un análisis detallado que va más allá de los propósitos de
esta sección. Sin embargo, merece la pena reflexionar acerca
de algunos puntos que arrojan una luz reveladora sobre
el estado de la demodecidosis como un hecho muy frecuente
y que puede dar pauta al diagnóstico sistémico temprano
de un naciente padecimiento inmunosupresor.1
El paciente
referido quizá expresaba sutil sintomatología tiempo antes
de que se manifestara el cuadro actual.
La presencia de dolor óseo relatado y provocado por
exploración, gingivorragias, fatiga, cefalea y poliadenopatías,
orientaron semiologicamente a suponer un transtorno
hemático.
Se ha mencionado desde hace algunas décadas su presencia
en estados de inmunosupresión severa como VIH ( y en
su fase de restitución) enfermedades linfoproliferativas y, muy
en especial, los casos como infección oportunista en pacientes
leucémicos.2, 3, 4, 5, 6 Una revisión pediátrica comenta cinco
casos de pacientes infantes que en la etapa de quimioterapia
de mantenimiento para control de leucemia linfocítica crónica,
presentaron cuadros demodécticos recalcitrantes, que se
explican por las alteraciones de la inmunidad celular secundaria
a depleción linfocítica y uso de prednisona.7
De esto puede concluirse lo importante que resulta una
exploración física integral de los pacientes y la apremiante
necesidad de ordenar exámenes de laboratorio básicos en
casos de demodecidosis grave.

La morfología de esta dermatosis se identifica desde
eritema, edema con abundates papulopústulas, placas adhesivas
grisáceo–amarillentas, conglomerado de abscesos,
hasta espículas hiperqueratosicas foliculares.8, 9
En tanto su prevalencia en adultos rebasa el 90% después
de los 50 años (se llega a denominar como “el ectoparásito
más común y permanente de los adultos”), en el caso
de niños y púberes es rara, por lo que es recomendable en
pacientes de las primeras dos décadas de vida, puntualizar
la coexistencia de alguna condición grave.10, 11
La demodecidosis es una erupción pápulo pustulosa
originada por la proliferación de un ectoparásito artrópodo
comensal más común de la piel humana. Las formas más
comúnmente identificadas de éste ácaro son demodex follicullorum
y demodex brevis, a partir de su hábitat residencia habitual
que es la unidad pilosebácea.
Estos ectoparásitos saprofíticos, anaeróbicos obligados,
se concentran e infestan párpados, pliegues nasolabiales,
nariz, donde el número de glándulas sebaceas es alto.12
Su diagnóstico diferencial obligado en casos como el
relatado puede considerarse a través de las siguientes entidades
sugeridas en este cuadro:

Su patogenia aún es motivo de controversia y su participación
etiológica se ha inferido al observar su alta y selectiva
proclividad a invadir la cavidad folicular, en entidades como
la rosácea (diversas variedades como la granulomatosa), la
pitiriasis folicular, la dermatosis papulopustular de piel cabelluda,
la foliculitis pustular y la blefaritis escamosa.12, 13, 14
Diversos factores locales y sistémicos contribuyen a su
proliferación y consecuente infestación. Probablemente
su alto tropismo folicular o bien su densidad por centímetro
cuadrado se deba a sus altos requerimientos de subsistencia,
inmerso en sitios que posean alto contenido
proteico-grasoso.14
De las causas locales que favorecen su establecimiento, de
forma heterogénea, destacan los corticoesteroides y los inhibidores
de calcineurinas tópicos (tacrolimus y pimecrolimus).
Esto es muy notorio cuando su vehículo es en ungüento
(efecto oclusivo) y por su conocida actividad farmacológica
vasoactiva y modificadora local de la respuesta inmune.12, 15
El mecanismo patogénico de cómo produce reacción
inflamatoria está en vías de ser dilucidado. Al observar retrospectivamente
los casos de demodecidosis que responden
secundariamente al empleo de medicamentos como las
tetraciclinas o eritromicinas, se infirió la idea de una sobreparasitación
de artrópodos o nemátodos por organismos
intracelulares y demodex no ha sido la excepción.16
Se incriminan con mayor frecuencia a wolbachia, ricketssias, γ-proteobacterias y spiroplasmas. Esto es demostrable con
tinciones como la de Warthin Starry y electronomicrografícas
por fijación de imagen.17
En respuesta a esta parasitación simbiótica se sabe que
de ella se liberan sustancias como VEFG, IL–1a, ICAM–1, con
las consecuentes vasodilatación, disrupción de la pared de
la unidad pilosebácea, inflamación e hipercornificación.16,17
Los pacientes inmunosuprimidos (transplantados renales,
con VIH, embarazadas, leucémicos, etc.) responden de
manera variable a los acaricidas convencionales para uso en
humanos, lo que sugiere individualizar cada caso.4, 9, 10, 18, 19
En el cuadro 2 se compilan los tratamientos más recomendados
al tratar recidivas demodécticas.

La leucemia linfoblástica tipo L3 o tipo Burkitt, como
la que tuvo el paciente de referencia, es la menos frecuente de los subtipos de la leucemia linfoblástica aguda. Le
corresponde sólo 2% de la leucemia linfoblástica del niño y
entre 3% y 5% de la que se presenta en adultos.20
Clínicamente la presentación es similar a las de los
demás tipos y se manifiesta con diversos grados de citopenias,
dolor óseo, infiltración de órganos linfoides y hemorragias
e infección asociadas, o leucocitosis; puede haber o
no blastos en la sangre periférica. Se caracteriza por imagen
de cielo estrellado en la médula y los blastos en sangre periférica.
Las tinciones para las enzimas lisosomales como la
mieloperoxidasa y el negro Sudán deben ser negativas para
excluir origen mieloide. El PAS (ácido periódico de Schiff )
es positivo en la L1 y L2 y negativo en L3. En el cariotipo el
100% de la L3 tiene la translocación t.8, 14
El tratamiento incluye esteroide, vincristina y un antracíclico,
además de L–asparginasa o ciclofosfamida o ambos,
para inducir la remisión; luego se consolidan con arabinósido
de citosina más etoposido y se pueden usar megadosis de
methotrexato, rescate con ácido polínico y mantenimiento
con purinnethol, methotrexate.
Se logra la remisión completa en 75% de los casos y una
sobrevivencia libre de enfermedad a 5 años de entre 30% y
40%.20, 21
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Referencias
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