Correspondencia:
Dra. Diana Sugey Vera-Izaguirre
Departamento de Dermatología, Hospital General Dr. Manuel
Gea González,
Calzada de Tlalpan 4800, Col. Toriello Guerra,
Del. Tlalpan, CP 14000, México DF
Tel. 5665-3511 ext. 168 o 5606-2989.
e-mail: dvi00@yahoo.com
Introducción
Enfermedad crónica de piel, mucosas o vísceras producidas
por diferentes especies de protozoarios intracelulares del
género Leishmania que se transmite al ser humano por vectores
de los géneros Lutzomyia, Phlebotomus y otros menos frecuentes;
las manifestaciones clínicas dependen de la especie
del parásito y del estado inmunitario del huésped.1, 2

Epidemiología
Es cosmopolita, endémica en varias partes de la India,
Rusia, Asia, África y la región del Mediterráneo. En América
es una zoonosis selvática transmitida por artrópodos
dípteros flebotimíneos zoófilos, y se observa desde el sur deEstados Unidos hasta Argentina. Para la Organización Mundial
de la Salud (OMS) es una de las grandes endemias,
actualmente en la categoría 1, y es considerada una de las
enfermedades infecciosas más importantes, para la cual no
existe control adecuado.3 Su prevalencia es de 12 millones
de personas en todo el mundo, con otros 350 millones de
personas en riesgo de infección.3-5 En México la enfermedad
no es de notificación obligatoria, por lo que hay un
subregistro nacional. Se calcula que anualmente se presentan
400 nuevos casos de leishmaniasis.3 El 90% de los casos
cutáneos ocurren en Afganistán, Brasil, Irán, Perú, Arabia
Saudita y Siria.4, 6 La OMS tiene registrado que 90% de los
casos con leishmaniasis se encuentra en Bangladesh, Nepal,
India, Brasil, y Sudán, considerándose que la incidencia
anual es de 500 mil casos, de los cuales mueren 200 mil. En
América Latina se calculan 59 300 casos por año, y en Costa
Rica la prevalencia es de 1 por 1 000 habitantes. Se presentan
en zonas selváticas, tropicales, con altitudes de 0 a
1 500 m sobre el nivel del mar, temperatura media de más de
20oC, y precitación pluvial de 1 500 a 3 000 mm3. Es más frecuente
en épocas de lluvias; también se ha observado en
zonas semidesérticas. Predomina en varones por razones
ocupacionales; en agricultores, cazadores, arqueólogos,
militares7 y otros.1, 8 El factor de riesgo para leishmaniasis
cutánea se incrementa en varones adultos y en individuos
que habitan en casas de madera.8
En México se han observado todas las formas clínicas.
Predominan ampliamente la cutánea pura y la cutaneocondral.
Las zonas endémicas son: sur de Veracruz, Tabasco,
Oaxaca, Chiapas, Campeche, Quintana Roo, Yucatán, Coahuila,
Nuevo León, Morelos y Jalisco. En Guatemala, 80%
de los casos provienen de la zona del Petén, que colinda con
la república mexicana.1

Etiopatogenia
Protozoario unicelular dimorfo del Phylum protozoa, Subphylum
sarcomastigophora, superclase Mastigophora, clase
Zoomastigophora, orden Kinetoplastida, familia Trypanosomatide,
suborden Trypanosomatina, género Leishmania.1 En
su ciclo de vida tiene dos estadios: 1) flagelado o promastigote,
que es extracelular fusiforme, mide de 12 a 20 μm (15-
25 μc de largo y 1.5-3.5 μc de ancho), tiene un núcleo central
y un flagelo anteronuclear que nace del cuerpo basal
situado delante del cinetoplasto; se encuentran en artrópodos
(dípteros), que los adquieren al ingerir la sangre de los
segundos y más tarde los transmite. Corresponde a la fase
del ciclo en el intestino del vector invertebrado; 2) aflagelado
o amastigote (cuerpos de Leishman-Donovan), que es
intracelular obligado, se encuentra en las células fagocíticas
del hospedero vertebrado, es redondeado, mide 2.5 a 3.5μm de diámetro, tiene un núcleo grande excéntrico y un
cinetoplasto que consta de blefaroplasto y cuerpo basal, de
donde nace un rizoplasto que se convierte en flagelo en el
promastigote.
La enfermedad es transmitida por la picadura de pequeños
dípteros pilosos de 3 a 4 mm de los géneros Phlebotomus
y Lutzomyia, el primero endémico en el Viejo Mundo
(Mediterráneo, Medio Oriente, África e India), y el segundo
en América central y del sur; en México sólo se ha
demostrado como vector a Lutzomyia olmeca, aunque se han
encontrado otras Lutzomyias infectadas (se le conoce como“papalotilla”9); es menos frecuente Sergentotomya. Los mosquitos
transmisores habitan en planicies bajas y húmedas,
proliferan en temporadas de lluvias, sin embargo, la mayor
incidencia de casos en Quintana Roo se presenta después
de la temporada de lluvias. Es un díptero de actividad crepuscular
y nocturna que vuela en tramos cortos y a unos
cuantos centímetros del suelo. La hembra hematófaga requiere
sangre para el desarrollo de los huevos y adquiere el
parásito al ingerir sangre con macrófagos infectados de hospederos
vertebrados. En el intestino del insecto el parásito
inicia un proceso de maduración y diferenciación que dura
de 4 a 25 días, los amastigotes se transforman en promastigotes
procíclicos (forma flagelada inmadura), y se adhieren
al epitelio del intestino medio de la mosca mediante la
molécula lipofosfoglicano (LPG). Este promastigote madura
y se transforma en promastigote metacíclico infectante.

Por
cambios en las moléculas de LPG el parásito se desprende del epitelio intestinal y migra a la faringe y la cavidad bucal
del díptero. Al picar, nuevamente, el insecto regurgita el
parásito y lo transmite al hospedero vertebrado (seres humanos,
mamíferos —como roedores y perros—, o reptiles),3
donde es fagocitado por macrófagos, células de Langerhans
epidérmicas o monocitos circulantes. Una vez dentro de los
fagolisosomas se diferencia en amastigote, se reabsorbe su
flagelo y prolifera intensamente por fisión binaria, provocando
el rompimiento de la célula; pueden generar una
infección subclínica manifestada sólo por la intradermorreacción
o una infección autolimitada después de un periodo
de incubación de 20 a 90 días. Esto constituye la forma
cutánea localizada, o si la infección se disemina, la forma
difusa. Los amastigotes liberados infectan células vecinas
y el ciclo realizado entre 53 y 100 días se cierra cuando
vuelve a picar al hospedero vertebrado infectado.1, 3
Los
reservorios para la leishmaniasis cutánea en México son
habitualmente roedores silvestres como O pyllotis y se ha discutido
si los perros tienen alguna intervención en el mantenimiento
de la endemia en las áreas periurbanas.
Lainson y Shaw dividieron al género Leishmania en dos
subgéneros: Leishmania (L.) y Viannia (V.), según el sitio en
que se desarrollen en el intestino del insecto transmisor. La
localización de Leishmania es suprapilórica, próxima a la
probóscide, mientras que Viannia se aloja en las porciones
media y posterior del intestino. Por lo que a los subgéneros
Leishmania (L.) y Viannia (V.) de acuerdo con el sitio de unión
y desarrollo en el intestino del mosquito, se denominan
suprapilarianos y peripilarianos, respectivamente.3
En la actualidad las leishmanias patógenas para el ser
humano se clasifican según su biología molecular. Su distribución
geográfica está determinada por estas características
(Cuadro 1).

En América predominan los complejos L. mexicana y
L. braziliensis. En el Viejo Mundo la enfermedad es causada
por L. tropica, L. major, L. aethiopica y L. donovani.3
Factores patogénicos
La enfermedad empieza con la inoculación de la Leishmania
en 1 mm de la piel por la picadura del mosco transmisor.
Las células del sistema fagocítico mononuclear atacan al
parásito mediante diversos receptores que reconocen principalmente
dos moléculas que cubren su superficie: una glicoproteína
de 63 kDa (gp63) con actividad metaloproteasa y
el lipofosglicano (LPG), un glicofosfolípido anclado a la
membrana mediante glicosilfosfatidil inositol (GPI) y compuesto
por una larga cadena de dominios repetitivos de fosfosacáridos
específicos para cada especie de Leishmania.3
Aún no se establece si el aumento de la respuesta inmunitaria
se debe a eliminación o disminución de la carga parasitaria antigénica. Las formas graves parecen condicionadas
por un defecto genético. Según lo adecuado de la respuesta
linfocítica, la enfermedad puede ser localizada con
tendencia a la curación espontánea, o generalizada y progresiva.
En las formas cutáneas localizadas no hay inmunidad
humoral; en la forma cutaneomucosa pueden detectarse
anticuerpos específicos IgG, y en la cutánea difusa en
ocasiones hay cifras altas de IgA. Los cambios de las concentraciones
séricas de anticuerpos no siempre revelan la
eficacia terapéutica.

La leishmaniasis cutánea, al igual que la lepra, se presenta
en forma bipolar, en la que la LCL representa al polo“benigno” y los pacientes cursan con una intensa respuesta
inmunitaria celular (normoérgica o hiperérgica) que lleva a
la curación y, en el otro extremo del espectro se encuentra
la LCD o polo (anérgico), en donde los pacientes cursan con
una enfermedad progresiva que generalmente tiene un desenlace
mortal; estos dos extremos dan respuesta positiva y
negativa respectivamente en la intradermorreacción con
leishmanina (prueba de Montenegro).1, 3 Aunque se puede
pensar que la forma cutaneomucosa se colocaría en un grupo
intermedio o fronterizo, dicha forma no puede ubicarse
en una zona intermedia, ya que es una forma altamente
hiperérgica, producida siempre por Leishmania braziliensis,
la cual no forma parte del espectro de las formas cutáneas.
Por acción de una citosina inhibitoria, el factor de
transformación de crecimiento beta (TGF-β), hay desequilibrio
en las poblaciones de linfocitos; también hay títulos
bajos de interferón gamma (IFN-γ) y superproducción de
interleucina 4 (IL-4), que aumenta la citotoxidad de los
macrófagos e inhibe su activación y la síntesis de interleucina
1 (IL-1) y del factor de necrosis tumoral alfa (TNF-α); al
parecer la generación de radicales superóxido por el macrófago
es la principal defensa contra microorganismos patógenos
intracelulares.
La leishmaniasis es un modelo para entender los mecanismos
reguladores de la residencia del huésped y su susceptibilidad
a la enfermedad. El contacto entre Leishmania y
las células inmunocompetentes favorece una respuesta
inmunitaria dirigida a la eliminación del parásito. La epidermis
parece tener importancia en el inicio del proceso
inflamatorio. Hay factores que pueden afectar el proceso inmunorregulador,
entre ellos células epidérmicas presentadoras
de antígenos (Langerhans y queratinocitos), células T
efectoras, y citocinas. En la leishmaniasis cutánea hay abundantes
células de Langerhans, queratinocitos y moléculas
de adherencia celular 1 (ICAM-1) y del complejo mayor de
histocompatibilidad (CMH) de clase II (HLA-DR), así como
acumulación selectiva de linfocitos T epidermotrópicos que
expresan antígenos relacionados con la función de leucocitos
(LFA1), y generación de respuesta Th1. En la leishmaniasis
cutaneomucosa hay expresión exacerbada de ICAM-1,
HLA-DR y queratinocitos; pérdida de células de Langerhans
de tráfico de linfocitos y granulomas Th1 y Th2. En la
leishmaniasis difusa los queratinocitos no expresan ICAM-1
o HLA-DR, hay pocas células de Langerhans y un defecto en
la producción de linfocinas; el granuloma muestra respuesta
Th2 con muchos parásitos en los macrófagos.1.

Clasificación
Las formas clínicas dependen de las diferencias inmunitarias
del huésped y de las especies del parásito. La clasificación
más simple es la siguiente: 1) cutánea (localizada y diseminada
(difusa); 2) cutaneomucosa; 3) visceral o kala-azar.1, 6
La clasificación inmunopatológica de las leishmaniasis
aparece en el Cuadro 2. Cuadro clínico
La Leishmaniasis cutánea localizada (LCL), o botón de Oriente o
Bagdad, se origina por L. tropica, en Oriente; no se tiene la
certeza de cuál es el agente causal en México. Aunque en
México la forma más común es la leishmaniasis cutánea producida
por Leishmania (L.) mexicana, la LCL es similar al botón
de Oriente. Ocurre en áreas expuestas a la picadura de insectos
(cara, tronco y extremidades), entre dos a cuatro semanas
después de ésta, pero puede ser después de años.1, 3, 6 En el
sitio de la picadura aparece un nódulo eritematoso asintomático
de 1 a 10 cm de diámetro, que en el transcurso de 1 a
3 meses se agranda y transforma en una úlcera de bordes
indurados y de coloración violácea. Las úlceras pueden serúnicas o múltiples (dependiendo del
número de veces que fue picado el
sujeto), redondeadas, de fondo limpio
e indoloras si no están infectadas
secundariamente.3 Los sujetos con
LCL ocasionalmente curan espontáneamente
en un lapso de 6 meses a 4
años, dejando una placa deprimida y
discrómica con telangiectasias. La linfangitis
regional es rara. En regiones
endémicas, 33% de los enfermos pueden
presentar reinfecciones; es posible
la autoinoculación.

Se llama forma abortiva si la lesión
es una “pápula” regresiva; botón
macho a un nódulo no ulcerado y
botón hembra cuando se ulcera. Se
consideran dos tipos clínicos: 1) húmedo
o rural, que predomina en cabeza y
extremidades, con muchos nódulos
furunculoides, lesiones satélite y linfadenitis,
con pocos parásitos en la biopsia, y 2) seco o urbano,
localizado en cara, con pocos nódulos que se ulceran, y
con abundantes parásitos en la biopsia.
Cuando afecta los pabellones auriculares causa la forma
cutáneo-condral o úlcera de los chicleros, causada por L. m.
mexicana (Biagi, 1953). Esta especie genera lesiones leves y no
produce metástasis nasofaríngeas; comienza con una lesión,
como la picadura de un insecto, que genera una placa infiltrada
o úlcera crónica, de fondo exudativo, a menudo indolora
(sin embargo, casi siempre es dolorosa especialmente al
tacto, cuando tiene sobreinfección), que puede curar espontáneamente
a largo plazo y dejar mutilaciones en forma de
muesca.1
Se tiene que sospechar el diagnóstico de LC en niños
que presentan lesiones faciales crónicas, nodulares o ulceradas;
excepcionalmente se ha llegado a confundir acrodermatitis
enteropática, del cual se puede distinguir si existe
respuesta a la suspensión del suplemento con Zn.4
La Leishmaniasis cutánea difusa (LCD) o tegumentaria —aunque podría adoptar el nombre de nodular diseminada, el
término difusa es mejor porque se han encontrado parásitos
aún en zonas sin nódulos— se caracteriza por falta de respuesta
inmunitaria celular hacia antígenos del parásito, permitiendo
la diseminación incontrolada de éste, con desarrollo
de lesiones en casi toda la piel, con excepción del
cuero cabelludo y en ocasiones las mucosas. En esta forma
clínica el parásito se disemina lentamente
por el líquido tisular, por la
linfa o por vía sanguínea.3 Se origina
por el complejo L. mexicana (L. m. pifanoi);
predomina en zonas expuestas,
pabellones auriculares, mejillas y
extremidades; se caracteriza por nódulos
y placas infiltradas de superficie
lisa o verrugosa, de color pardo rojizo
y consistencia firme, que pueden o no
ulcerarse. Pueden observarse linfedema,
linfadenopatia, mal estado general
y en ocasiones fiebre.1 En los pacientes
mexicanos observados principalmente
en el estado de Tabasco, se ha documentado
invasión de mucosas orofaríngea
y nasofaríngea con nódulos
dolorosos que pueden llegar a obstruir
la vía aérea; además lesiones en los
genitales externos y en las plantas de
los pies.3
La Leishmaniasis cutaneomucosa (LCM), cutánea americana
o espundia, cursa con invasión y destrucción de la mucosa
nasofaríngea. Las especies causantes de esta forma clínica
pertenecen al complejo L.(V.) braziliensis,6 L.(V.) guyanenesis,
L.(V). panamensis y L.(V.) peruviana. En Perú se conoce como“uta”, y siempre se desarrolla después de que desaparecen
las lesiones cutáneas; ocasionalmente puede presentarse
hasta 20 años después.
En Panamá hay una forma ulcerada
(úlcera de Bejuco), causada por L. panamensis. Afecta a jóvenes;
generalmente las lesiones se inician en la mucosa nasal
y se propagan a la mucosa orofaríngea, a la laringe, y a la
piel de nariz y labios.3 La lesión cutánea primaria es un
nódulo que se ulcera o puede hacerse vegetante; es posible que haya linfangitis y adenitis.1 La muerte del paciente ocurre
por neumonía, obstrucción laríngea, sepsis secundaria o
inanición.3
La Leishmaniasis visceral (LV) o kala-azar (fiebre negra),
se debe a L. donovani10 (India y este de África), Leishmania
infantum (área del Mediterráneo) y Leishmania chagasi (Sudamérica).
La LV generalmente tiene un periodo de incubación
de 3 a 8 meses, aunque existen informes de hasta
34 meses. La población en riesgo incluye niños menores de
5 años, pacientes inmunocomprometidos y personas desnutridas.
Los síntomas pueden iniciar gradualmente o de
manera súbita.3 Produce lesiones en el sistema reticuloendotelial,
y se manifiesta por adenomegalias, hepatoesplenomegalia,
anemia, leucopenia, hipergamaglobulinemia, fiebre
(intermitente y generalmente con dos picos al día),
pérdida de peso, astenia, pigmentación cutánea, así comoáreas hipopigmentadas en frente y alrededor de la boca, las
manos y la línea central del abdomen.1, 3, 11
En los últimos años se ha incrementado el número de
pacientes coinfectados por VIH y Leishmania, en especial
en áreas del Mediterráneo, emergiendo como una infección
oportunista común y seria.12 Incluso en áreas que son
endémicas para leishmaniasis visceral (Brasil, Argelia,
Túnez, países del este de África –Sudán–, e India) es probablemente
subestimada debido a las dificultades para su
diagnóstico.11, 13
El típico paciente con coinfección de VIH-Leishmania es
un hombre joven quien utiliza drogas intravenosas (IV). La
alta prevalencia de la enfermedad entre los que utilizan
drogas IV sugiere una posible transmisión del parásito por
la contaminación de las jeringas; este grupo de pacientes frecuentemente presentan una parasitemia. Las características
clínicas de la infección por Leishmania se observan en
individuos con inmunosupresión grave: cuenta de CD4+
menor de 200 cels/mL en más del 90% de los pacientes con
infección por el VIH.12
También se han mencionado formas atípicas agudas que
semejan una enfermedad de la colágena. Un estudio en ratones
encontró que L. mexicana era capaz de atacar las fibrillas
de colágena y desnaturalizarlas.14 La interacción de los promastigotes
de L. mexicana con la colágena tipo I fue dosis dependiente,
y por tanto los autores postulan que esto confiere
un tropismo específico para la piel por parte del parásito.8
Diagnóstico
El diagnóstico se realiza basándose en la lesión típica junto
con la historia de exposición. En cada localización existe un
número considerable de diagnósticos diferenciales, por
consiguiente la confirmación por laboratorio, y preferentemente
complementada con la identificación de la especie
de Leishmania es lo deseable.
No existe un método enteramente confiable, por lo que
es conveniente utilizar varios que se tengan al alcance. La
biopsia se toma del borde activo de la lesión y es examinada
con tinciones de rutina o especiales; se utiliza también
frotis e inoculación para cultivo. En laboratorios de investigación
se han utilizado anticuerpos monoclonales para
mejorar la sensibilidad de la detección.
La identificación de las especies de Leishmania es tradicionalmente
por el análisis de la isoenzima y constituye
el método de referencia para la identificación precisa del
parásito,6 aunque en gran cantidad de lugares es impráctica.
Cada vez más se han utilizado técnicas moleculares basadas
en el DNA del cinetoplasto, porque facilitan la identificación
y tipificación de las especies en una sola técnica. Su
gran sensibilidad es particularmente útil en lesiones antiguas,
en las cuales el número de parásitos es bajo. Sin
embargo no está bien establecida la relación precisa entre
los métodos de análisis de isoenzimas y reacción en cadena
de polimerasa (PCR).6
La serología ha sido de poco valor en la leishmaniasis
cutánea, pero ahora existen reportes del uso de la reacción
en cadena de la polimerasa (PCR), la cual da la esperanza de
kits de bajo costo para facilitar un diagnóstico rápido. Estas
técnicas son sensibles y específicas.9, 15 En un estudio en
Sudán con 28 casos de LC confirmada con una combinación
de características clínicas y de laboratorio, la PCR tuvo una
sensibilidad del 86% cuando se utilizó sola y del 93% cuando
se combinó con Southern blotting.16
La detección del antígeno de Leishmania en orina a través
de la prueba de aglutinación en látex (Katex) parece ser
una promesa tanto para el diagnóstico como para el pronóstico
en leishmaniasis visceral. En pacientes con coinfección
con VIH y leishmaniasis visceral, pueden dar buenos resultados
el frotis sanguíneo y los cultivos.15
Datos histopatológicos
Hay atrofia o hiperplasia de la epidermis. La lesión en personas
con LCL se caracteriza por un infiltrado inflamatorio
consistente de macrófagos, linfocitos y células plasmáticas
con áreas de necrosis focal. En las fases tempranas de la
infección se pueden detectar macrófagos infectados, que se
traducen como escasos histiocitos vacuolados que contienen
el parásito (cuerpos de Leishman), así como infiltrados in-tensos de neutrófilos. Sin embargo, en fases tardías disminuyen
los macrófagos infectados, por lo que en estos casos
es difícil observar el parásito y predominan los infiltrados
linfohistiocíticos, con tendencia a formar granulomas
tuberculoides (con presencia de células gigantes, macrófagos
fusionados debido a la persistencia de componentes
antigénicos del parásito) rodeados de un manguillo de linfocitos.
Las lesiones de pacientes con LCD presentan
macrófagos altamente parasitados y pocos linfocitos en
toda la dermis.1, 3
Son convenientes las tinciones de Wright y Giemsa.1
Adicionalmente existen diferencias relacionadas con los individuos
y la localización geográfica. Elhassan y cols.17 encontraron
distribuciones relativamente distintas para cada
uno de los cinco tipos histológicos de Ridley: en el tipo A se
encuentra una gran cantidad de macrófagos parasitados sin
necrosis; el tipo B muestra una gran cantidad de macrófagos
parasitados con necrosis; el tipo C muestra necrosis focal; el
tipo D una tuberculide reactiva, y el tipo E es como el tipo
D, pero con ausencia de células plasmáticas. La mayoría de
los casos del Sudán y Arabia se presentan como tipos B y C.
El tipo B también es frecuente en Nicaragua y Guayana. En
Irán los tipos A y D son los más comunes. La biopsia puede
ser compatible o diagnóstica.
La variedad en la presentación de los síntomas puede
que no sea un problema si se encuentra a los parásitos, pero
frecuentemente la identificación por las técnicas estándar
no es satisfactoria.8
Datos de laboratorio
La intradermorreacción o reacción de Montenegro es sensible
y específica, positiva en las formas localizadas y negativa
en las anérgicas; una prueba positiva apoya el diagnóstico
(especialmente cuando el paciente no pertenece a zonas
endémicas), pero una negativa no lo excluye. Los parásitos
se observan en frotis o en impronta teñido con Giemsa o
Wright. Para que este estudio resulte eficaz es necesario raspar
la úlcera con una hoja de bisturí y no causar hemorragia.
El cultivo se realiza en medio NNN o una variante del
medio bifásico de Evans, a 22 oC, por 4 semanas, y muestra
de promastigotes.
Pueden detectarse anticuerpos por aglutinación directa,
inmunofluorescencia directa y fijación del complemento,
ELISA, inoculación de cricetos o anticuerpos monoclonales.
Diagnóstico diferencial
Forma cutánea: tuberculosis luposa, espotricosis fija, complejo
cutáneo vascular de pierna, condritis nodular crónica,
epitelioma espinocelular, cromomicosis, furuculosis, carcinoma
basocelular.
Forma anérgica: lepra lepromatosa nodular, xantomas, cicatrices
queloides, lobomicosis, linfomas.
Forma cutaneomucosa: paracoccidiodomicosis.
Profilaxis
La erradicación del transmisor, que resulta una tarea difícil,
disminuye la frecuencia de la enfermedad por periodos, y se
logra con tratamiento de los enfermos, uso de insecticidas,
desecación de aguas estancadas, empleo de repelentes de
insectos a base de dietiltoluamida o permetrina, que incluso
pueden aplicarse sobre la ropa (aunque esta protección no
ha mostrado su utilidad, por ejemplo en Irán), uso de ropa
gruesa con mangas y pantalones largos, pabellones para dormir,
y evitación de caminatas nocturnas en zonas selváticas,
porque las picaduras de Phlebotomus es máxima entre las
18:00 y las 6:00 hrs. Una forma de prevención es exponer a
la persona a la inoculación del parásito en zonas cubiertas
del cuerpo. La OMS ha considerado de alta prioridad en el
futuro la aplicación de una vacuna (leishmanias muertas y
BCG) que proteja contra todos los tipos de leishmaniasis.1
Las diferentes formas de leishmaniasis cutánea son distintas
en su etiología, epidemiología, transmisión y distribución
geográfica. En la mayoría de las instancias la enfermedad
se limita a una o pequeñas úlceras cutáneas que se
desarrollan en el sitio donde los parásitos fueron depositados
durante la mordida del vector.
Las lesiones típicamente
cicatrizan espontáneamente después de varios meses, pero
algunas pueden seguir un curso crónico grave.Se adquiere por lo general una inmunidad protectora
que sigue a la infección cutánea con Leishmania spp, por tanto
la prevención de la enfermedad a través de inmunización
profiláctica parece ser factible. Desde que la introducción
de la vacuna con parásitos virulentos vivos se asoció a efectos
adversos inaceptables, la atención se enfocó a parásitos
muertos o vivos atenuados. Mientras que las vacunas con
parásitos tienen la ventaja de liberar múltiples epítopes
antigénicos necesarios para la iniciación de una amplia respuesta
inmune, la eficacia de la vacuna con promastigotes
muertos en varios estudios clínicos a la larga no ha sido
satisfactoria. La estimulación inmune persistente o repetida
por los antígenos parasitarios y/o expresión sostenida de
IL-12 son elementos aparentemente críticos en el desarrollo
de una inmunidad duradera.5
Tratamiento
La cutánea puede curar sola a corto y largo plazo. Dan muy
buen resultado los antimoniales trivalente por vía parenteral,
como el repodral y la antiomalina, 2 a 3 ml (0.02 a
0.03 g) en días alternos en series de 12 a 20, y los pentavalentes
como glucantine (antimoniato de neglumina), 10 a
60 mg/kg por 12 días a tres semanas, o hasta obtener datos
de curación clínica y parasitológica, y el pentostam (estibogluconato
sódico) 20 mg/kg/día, por 20 días. En las formas
cutáneas, o ante riesgo cardiovascular, también pueden inyectarse
antimoniales por vía intralesional, 0.2 a 1.5 ml cada
semana; habitualmente en México se realiza cada tercer día,
con un número de 10 a 12 aplicaciones en total hasta la curación
clínica, no la parasitológica, ya que pueden existir
parásitos sin la enfermedad.
En la forma difusa es útil la pentamidina, 4 mg/kg; puede
usarse un esquema de dos ampolletas de 120 mg/día
en tres aplicaciones, o una ampolleta diaria en dos a tres
series de 10, a intervalos de 10 días. Los efectos adversos de
los antimoniales pueden ser reacción local, anorexia, náusea,
vómito, mialgias, artralgias, aumento de enzimas hepáticas,
y alteraciones electrocardiográficas. Una alternativa es
el tratamiento combinado con antimonirales pentavalente e
inmunoterapia con vacuna de promastigotes muertos. En la
forma visceral un tratamiento efectivo y seguro es la miltefosina
oral.
En la forma anérgica se utiliza anfotericina B y su forma
liposómica, así como factor de transferencia.
En algunos casos de leishmaniasis cutánea ha sido útil
la diaminodifenilsulfona, 3 mg/kg/día por 3 semanas. En casos
por L. mexicana hay respuesta al ketoconazol 200-600 mg/día,
o al itraconazol, 200-400 mg/día, durante 1 a 2 meses. También
se han usado rifampicina, 600 a 1200 mg/día por más
de 2 meses sola o con isoniazida; interferón-γ y alopurinol,
20 mg/día, metronidazol, 250 mg 3 veces al día en ciclos
de 10 a 15 días; trimetroprim-sulfametoxazol 160/800 mg
2 veces al día durante 4 semanas. Incluso se ha usado la
lidocaína con buenos resultados.
En las formas viscerales se utiliza anfotericina B, interferón-γ recombinante humano por vía parenteral o intralesional,
o interleucina-2.1
Las drogas de primera línea son los antimoniales, pero
se utiliza la anfotericina B y sus formulaciones lipídicas para
tratar leishmaniasis visceral que no responde a antimoniales.
11, 13 La anfotericina B liposomal es un tratamiento efectivo
de la leishmaniasis visceral en adultos inmunocompetentes
y niños, incluyéndose a aquellos con enfermedad
resistente. La droga también produce una buena respuesta
en pacientes inmunocomprometidos, pero los rangos de recaídas
en estos pacientes son altos.
Existen nuevos avances terapéuticos que se desarrollan
activamente como medicamentos portadores de blancos específicos
para la localización del parásito, reduciéndose los
efectos adversos; uso de inmunomoduladores; evaluación de
los productos naturales; estudios de farmacocinética y combinaciones.
Estudios clínicos recientes con paramomicina y
miltefosina mostraron que son exitosas, siendo una promesa
en el futuro como terapia de leishmaniasis visceral.13
Localmente deben usarse antisépticos, algunos recomiendan
sulfato de paromomicina a 15% y cloruro de metilbenzetonio
a 12% dos veces al día por 10 días a 3 semanas o
solución de sulfato de bleomicina al 1% por vía intralesional.
También se ha recurrido con eficacia relativa a termoterapia,
criocirugía, legrado (curetaje), láser y radioterapia.1
Conviene tratar la sobreinfección que acompaña con frecuencia
a las formas cutáneo-condrales.
Conclusiones
Los protozoarios parásitos del género Leishmania constituyen
un grupo biológicamente diverso de organismos tripanosomátidos
flagelados. La mayoría de las especies son
patógenas para el hombre y otros animales y pueden diferenciarse
genética, bioquímica e inmunológicamente.18-21
La enfermedad es endémica en muchas regiones tropicales
y subtropicales del mundo con una prevalencia global
de 12 millones de casos y una población en riesgo de aproximadamente
350 millones,22 por lo que se considera un verdadero
problema de salud pública, no sólo por su magnitud creciente, sino también por consecuencias socioeconómicas
y psicológicas, ya que son enfermedades debilitantes, incapacitantes
y en muchos casos mortales.
La leishmaniasis cutánea localizada que observamos al
menos en la península de Yucatán, tiene una gran diversidad
de manifestaciones clínicas que semejan diferentes
patologías, por lo que se debe hacer hincapié en el diagnóstico
diferencial. Por otra parte, hay formas clínicas que no
están descritas, como los casos de infiltración localizada sin
nódulos ni úlceras, pero sin diseminación y con prueba de
Montenegro positiva. |