Convertir los sucesos en ideas:
Tal es la función de la literatura.
George Santayana
Era marzo de 2003, en pleno foro del evento estadounidense anual que mayor aceptación y
asiduidad tiene entre los dermatólogos mundiales, leíamos, como parte del programa, el siguiente
título de un cartel: HuZAF, A Humanized Anti-Interferon-g-Monoclonal Antibody, Inhibitis Production
of IFN-g-inducible Chemokines by Activated Human PBMC and Upregulation of CXR3 on Activated
T Cells.
Esto quería indicar algo así como que “los anticuerpos anti-interferón gamma monoclonales
humanizados inhiben la producción de interferón gamma inducible por quimoquinas de un
producto PBMC humano activado y sobrerregulan (?) a su vez a los linfocitos T”.
¡Vaya reto, ni siquiera el título alcanzábamos a descifrar! Por ello preferimos posponer para
nuestro ulterior recorrido por los interminables pasillos de ese circo de cinco pistas la lectura
de ese confuso cartel, ya que, dábamos por anticipado, seríamos presa de una euforia inicial y un
desencanto académico final. Mejor decidimos redactar este escrito.
La eliminación de sílabas finales o iniciales de una palabra y el uso indiscriminado de acrónimos,
propios o extranjeros, es un procedimiento sumamente común en nuestro cotidiano lenguaje
médico. Lamentablemente, al abreviar se corre el riesgo de que las palabras no cumplan
su misión, a saber: transmitir conceptos claros y establecer una buena comunicación.
Hay abundantes padecimientos que no cuentan con términos específicos para designar a quienes
los padecen. A diferencia de un “atópico”, un “lúpico”, un “eritrodérmico” o un “psoriático”
(¿o psoriásico?), ¿cómo se denominaría entonces a quien padece pénfigo vulgar o liquen plano?
Ya sea en un expediente médico, en el texto de una diapositiva, en el título de algún artículo
científico (¡incluido su resumen!), en el prefacio de una conferencia o en una receta, existe esta
curiosa tendencia.
Pero, salvo las unidades de medida ordinarias del Sistema Internacional y sus prefijos, deben
evitarse otros tipos de abreviaturas, que entorpecerán asimismo su futura inclusión en diversosíndices. Para que una palabra no pierda su significado debemos conocer cuáles son las consonantes
o vocales que reflejen su verdadero sentido en castellano.
Si a ello agregamos el uso de ideogramas y de símbolos matemáticos (>, =, &, *, ^), entonces
el texto o el título se tornan aún más confusos y generan una profunda inapetencia por su lectura.
Al leer un artículo plagado de abreviaturas, captamos solamente información abstracta, casi esotérica
y tan resumida que resulta absurda e ininteligible. Otras veces ocurre la situación contraria, el exceso
de palabras, y podemos afirmar que no podrá utilizarse con provecho y será inútil “darle
cuerpo a aquello que no parece sino esqueleto”.
De acuerdo: los tiempos exigen anotaciones escuetas,
artículos que abrevien largos relatos innecesarios, o notas
de evolución que hagan ver de forma instantánea la realidad
de un paciente. Sin embargo, en la práctica sucede lo
contrario.
A propósito, nos deleitamos recientemente con la siguiente
nota: Paciente con síndrome eritrodérmico secundario
a Linfoma cutáneo de cels. “T” con dm tipo 11 y htas,
bajo tx. con ieca´s. Buena respuesta inicial al manejo con
pdn + mtx; sin Hx. de Qx previas, que se encuentra consciente,
febril, cooperador, con sv estables, deambulando,
tolerando la dieta, canalizando gases y con emuntorios al
corriente, cardiopulmonar sdp, rot nles. con bh, qse, E. de
O., Rx. de tórax, 2 ecg= y us abdominal nl., acs. Anti-vhc y
acs. vs. vih negativos, pero con tgp aún >tgo y dhl menor
que a su ingreso, se planea alta para mañana y cita la prox.
sem. con tac abdominal en C. Ext. Derm.+ y Clínica de
dm, sic...
Prudente aclaración: esta nota médica se obtuvo de forma
anónima y es verídica, a partir de la múltiple documentación
que nos presentaron un paciente y su familiar con reciente
egreso de un respetable hospital de concentración de tercer
nivel.
Esta es una perorata institucional que todos identificamos.
Dentro de lo supuestamente escueto, se nos enseñó a no comunicarnos
y a ser tendenciosamente burocráticos.
Se deben conservar palabras clave y frases de transición
que permitan esa lectura pronta, continua y basada en un
circuito lógico. Debe buscarse, por lo tanto, el sufijo adecuado,
que en ocasiones no puede fundarse en razón lingüística
alguna, dado que diversas palabras son artificiales porque se
forman a partir de siglas, como por ejemplo LASER, y así escapan
a los mecanismos normales de la construcción.

A propósito: ¿seguirá siendo atractivo al paciente y a su
acompañante que, para el tratamiento de una arruga, utilicemos
una luz amplificada por emisión estimulada de radiación
(LASER)? Tal vez sea mejor continuar la aplicación
de esta energía terapéutica en forma de fotones sin mayor
explicación y de este modo lograr cubrir en abonos los pagarés
que generó la adquisición de esa tecnología.
En realidad hemos omitido, al paso de los años, pensar
en sufijos que hayan servido para nombrar con dignidad a
los enfermos. Hemos dizque salido de estos atolladeros a
través de gustos personales y de normas nacidas preferentemente
de la conveniencia y convivencia sociales.
Existían desde antaño los términos leproso, gotoso o eccematoso,
muchas veces despectivos, en lugar de enfermo de
Hansen y demás; pero ahora imaginemos además lo mal
que suena urticarioso. El sufijo -ico nos ha permitido, en otros
casos, formar derivados que funcionan con el significado de“afectado por”: atópico, acneico o ¿psoriático?
Si el médico dio un alta hospitalaria y no fue bien escuchado
o sus palabras no fueron bien comprendidas, sus recomendaciones
resultarán muy poco útiles. Imagine usted a
otros colegas o a los familiares al leer una nota de alta médica
e interpretando, debido a las abreviaturas, lo secundario
como lo principal, o que las causas se confundan con los
efectos (sup por suprimir en lugar de supositorios).
Considerando todas las palabras existentes (arcaísmos,
neologismos, anglicismos, regionalismos, jergas técnicas, etcétera),
se calcula que nuestro idioma posee 250 mil vocablos,
de los cuales nosotros, los hispanohablantes comunes,
apenas conocemos unos 20 mil, correspondientes a nuestro
nunca utilizado vocabulario pasivo y que comprendemos
sólo por el contexto. De hecho, empleamos 5 mil palabras de
ese léxico, según su uso popular, su mayor número de significados
y su brevedad.
¿Cuál será el verdadero origen de nuestra abrevofilia?
¿Será cuestión de parquedad, de desinterés o, en el peor de
los casos, de falta de tiempo? ¿Ocurrirá como herencia directa
de quienes fueron nuestros profesores, o por influencias
extranjeras? ¿Es producto de la brevedad del pensamiento
para tratar de abstraer lo esencial sin lograrlo?
La lengua escrita o hablada significa un convenio entre
quienes la practicamos, se escribe de acuerdo a una clave determinada.
La escritura es, a la vez, un proceso de aprendizaje
y mucha práctica. ¿La ejercitamos durante nuestra preparación
como médicos? ¿Serán aún las notas rutinarias un
campo fértil para modificar actitudes viciosas al escribir?
¿Los programas actuales de formación de residentes nos estarán
permitiendo erradicar ese vicio? Recordemos que es
muy diferente ser educado que ser solamente instruido.
El uso de las abreviaturas deja de ser un elemento de
comunicación para convertirse en una causa de confusión. Al
no respetar los principios básicos de la gramática y expresarnos
por mero capricho se produce una verdadera torre
de Babel.
Saber comunicar es cuestión de pensamiento claro y estilo correcto,
que puede mejorar y reforzarse mediante la lectura regular
de textos para conocer el significado de cada palabra (nunca
está de más tener al lado un buen diccionario de la lengua
castellana y uno para traducir del inglés). Es necesario
usar términos sencillos, frases cortas y de expresión exacta
para aligerar su lectura. Esto permite, asimismo, una buena crítica al ser captadas las ideas esenciales de la obra sin incluir
sólo las proyecciones de quienes comentan.
Abreviar puede resultar muy útil para tomar notas al vuelo:
una información, una fórmula, una reflexión, una cita (ver cuadro),
pero no para dejar testimonio a la posteridad, como al escribir
un artículo o una nota de evolución clínica.
¿Le ha sucedido que por tomar notas apocopadas, al intentar
clasificar o compilar ese material tiempo después, se
crea una confusión irreversible que ni usted puede descifrar?
¿Le ha pasado que, al intentar escribir y publicar sus
experiencias, no sabe ni cómo iniciarlas?
El maestro Leopoldo Vega Franco, connotado literato
médico, afirma que “en esta búsqueda por tratar de cumplir
con los requisitos editoriales, lo que menos nos preocupa es
el lenguaje que vamos a usar para transmitir nuestras experiencias”.
Recomienda, asimismo, que meditemos mucho
sobre el correcto empleo de sintagma (conjunto de palabras
ordenadas gramaticalmente) y expandamos nuestro acervo con lexemas?
Existen, sin duda, derivados diversos de ese tipo que
esta breve descripción no abarca, pero nos hace suponer que
las lenguas están aceptando, como procedimiento normal,
las innovaciones de vocabularios, no sólo de las siglas y los
acrónimos, sino de los derivados de tales formaciones. Aunque
esto ocurra, aun moderadamente, ya forma parte de
nuestro diálogo literario cotidiano.
La acronimia, por su parte, no se conoció tampoco entre
las primeras descripciones de tratados médicos relevantes.¡Compadézcase, escribano, de quienes deseamos compenetrarnos
en el mundo de la comunicación!
Alguien ha mencionado que “escribir es navegar en un
velero: para llevarlo a puerto se deben respetar las reglas
que rigen la navegación literaria” (sic), que imponen desde
siempre las costumbres, la lógica y sobre todo, la buena
gramática.
Confiamos en que nuevos recorridos por congresos, zonas
de exhibición de carteles, títulos de conferencias o de
artículos nos permitan darle a la palabra escrita y hablada el
papel digno que le corresponde, dejando que emane su
esencia misma, que es la comunicación clara y directa.¿Soportaremos que esa imagen literaria deletérea pese
sobre nuestra forma de comunicarnos entre dermatólogos
en particular y médicos en general?
|
|